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El cargo público en Paraguay… una carrera de abuso de poder – Judicial

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En el Paraguay de nuestros días, también se sigue apuntando a la exigencia de honestidad y saber como requisitos subjetivos, sin que exista una normativa que frene o “tranque” el abuso de poder de quien, llegado al cargo, lo utiliza para sí y para los suyos, no importándole el cuidado de la cosa pública ni el daño que ocasiona a todos los habitantes de la República, así como también a la débil democracia paraguaya.

El abuso de poder es un grave problema que se remonta a la mismísima antigüedad, pues ha derrumbado reinos, imperios y civilizaciones como el caso de la civilización romana, que durante su tiempo de esplendor ha creado todo un sistema de frenos para quienes, accediendo a un cargo público, no abusen de él ni aspiren a permanecer eternamente.

Ese sistema se llamaba Cursus Honorum, carrera de los honores. Básicamente consistía en un escalafón de acceso a los cargos públicos estableciendo principalmente periodos de descanso o “abstinencia” siendo las magistraturas romanas de carácter colegiado, con el fin de equilibrar el poder e impedir que se acumulara en manos de una sola persona de manera de evitar que el poder proveniente del cargo no se le suba a la cabeza.

El Cursus honorum era de orden secuencial de los cargos públicos ocupados por el político aspirante tanto durante el período republicano como en los dos primeros siglos del Imperio Romano. De esta manera, la carrera política debía iniciarse con el cargo de más bajo rango, es decir, cuestor (encargado de las finanzas), edil (administración municipal) y así hasta llegar al más alto cargo, el de cónsul. Pero para acceder de uno a otro cargo, era necesario esperar entre un cargo y otro, un periodo de dos años de fenecido el mandato anterior para poder aspirar al siguiente cargo.

Quienes aspiraban a un cargo público, de hecho, debían vestir una túnica semitransparente. Dicha tela se llamaba “cándida” y era un símbolo que representaba transparencia. De ahí la palabra candidato, un aspirante a un cargo público. El ejercicio del cargo era un honor, una distinción que recibía un ciudadano romano quien se cuidaba mucho de deshonrar a su familia abusando del poder que le fuera otorgado.

Además de los requisitos de edad e idoneidad, el sistema paraguayo no cuenta con un sistema de frenos que evite el abuso de poder, no siendo suficiente, como se ha visto en varios casos, como la del diputado Cuevas y otros, la famosa “pérdida de investidura” que no involucra al pueblo sino solamente a la clase política y al Poder Judicial (coaptado por el poder político), no sirve y es insuficiente para evitar que nuestra ya débil democracia se derrumbe. Una democracia de caramelo con picante adentro, con muchas y grandes bocas deformadas dispuestas a tragar. Una democracia con una amarga libertad.

Aunque los cargos de presidente de la República, miembros del Consejo de la Magistratura y algunos otros cargos públicos, la ley haya establecido un tope de años para el ejercicio del cargo, Paraguay ha encontrado la trampa legal, creando grupos “colegiados” que pertenecen a uno u otro sector, donde se cambia de persona, pero no de la bandera pirata. Esa bandera de quienes no tienen métrica, no tiene familia, no tienen Dios, no tienen partido, no tienen religión.

Debemos buscar la forma de proteger y conservar nuestra democracia buscando los cambios, pues los problemas que vivimos hoy los habitantes de este planeta, son muchos más grandes y peligrosos que los simples intereses sectarios.

Uno de esos cambios debería consistir en crear todo un sistema de frenos al abuso de poder de aquellos quienes ejercen un cargo público al frente de cualquier administración dentro de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, principalmente estableciendo límites para el acceso y periodos de abstinencia entre un cargo u otro.

De otra manera, solo restará esperar que la famosa frase de la gente dirigida a César “Quesce tande abutare patienta nostra” (hasta cuándo seguiréis abusando de nuestra paciencia), que hoy empieza a gritar el pueblo paraguayo, retumbe cada día más fuerte, no pudiéndose medir sus consecuencias.

Abogada – Consultora

Docente Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas, UCA

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Fuente: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/judicial/2020/03/09/el-cargo-publico-en-paraguay-una-carrera-de-abuso-de-poder/

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