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La vida – Opinión – ABC Color

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Si algo ha demostrado la pandemia mundial es que nuestro planeta, lo que conocemos como un hogar seguro al que podemos agredir en forma sostenida, irresponsable y continuada, en realidad es un planeta frágil e indefenso. Tanto que hemos disparado un virus que no perdona realeza, presidentes, primeros ministros, actores, primer mundo, segundo mundo y subdesarrollados. Todos iguales a la hora de la enfermedad y la muerte.

Y en medio de la desesperación surgen los profetas pontificando la catástrofe que podría ocurrir con nuestro mundo financiero si paramos por dos semanas. Le llaman pomposamente “el estado de salud de nuestra economía”, sin darnos cuenta que para que la economía esté viva necesita hombres y mujeres que no estén muertos. De qué nos sirve la economía viva con un gran porcentaje de la población enferma o muerta. De qué nos sirve tener recursos si no lo usamos para prevenir enfermedades, curarlas, amparar a las poblaciones marginales, darles la seguridad de que no morirán porque son pobres.

“Toda persona será protegida por el Estado en su integridad física”, artículo 4 de la Constitución Nacional del Paraguay. No hay nada más importante que la vida, protegida tanto en su desarrollo como en su plenitud y hasta la muerte.

Paraguay está siendo visto como un ejemplo a nivel internacional. Y son muchos los países que siguieron las mismas medidas que otros no se animaron a tomar por miedo –justamente– a la economía. Hoy pagan caro los errores y se dan cuenta de que no hay economía que resista con hombres y mujeres enfermos; no se puede hablar de economía floreciente cuando un Estado debe elegir a quiénes va enterrando. Estos grandes países del primer mundo nos demuestran con dolor que cuidar la economía y descuidar al ser humano es como elegir a quién matar primero… y cómo.

Estamos viendo cómo países que priorizaron su economía y temieron tomar medidas, igual ven caer sus reservas, sus índices; igual disparan el valor del dólar y derrumban el petróleo. Es que los mercados económicos también temen las enfermedades y la muerte.

Sería de una tozudez imperdonable negarles al ministro de Salud Mazzoleni y a su equipo el liderazgo, la fortaleza y la serenidad con los que están desafiando al status quo. Aseguran las fuentes que ni a nivel internacional quisieron apoyar las medidas que Paraguay iba a tomar. Sin embargo, al menos hasta el momento, está funcionando algo que podría ser catastrófico para nuestro país. Es justamente por culpa de la maldita corrupción que devora nuestra economía que Paraguay no tiene camas suficientes en hospitales, ni terapias intensivas, ni siquiera buena paga ni insumos para personal de salud. Si llegáramos a tener una situación como la europea, diezmaríamos irremediablemente la población.

Y es entonces, en ese día después, cuando los que logren quedar vivos se darán vuelta a mirar de qué sirvió cuidar más el dinero que a la gente, priorizar la economía de unos y no la vida de todos. A fuerza de trabajo de hombres y mujeres, saldremos una vez más adelante y podríamos reconstruir aquello material que perdamos. Sin embargo, desde el cementerio, ni la historia podríamos escribir. “Somos el escudo de nuestros hijos, nuestros padres y nuestros abuelos. #Quedémonos” (Julio Mazzoleni)

mabel@abc.com.py

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Fuente: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/2020/03/15/la-vida/

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