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Paraguay: el milagro económico posible

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Los obstáculos con los que atraviesa la República del Paraguay no tienen origen en su ciudadanía, como todavía se alega por parte de quieren se proponen hacer creer que, a efectos de alcanzar el desarrollo, es menester apelar a las viejas fórmulas que han fracasado, y que se sintetizan en la preeminencia estatal en la sociedad.


 

Paraguay, Desarrollo económico, Víctor PavónDesde la política y la economía, nuestros dirigentes siguen desafiando a una población que busca con afán más libertad responsable y no más coerción, privilegios ni corrupción provenientes desde el poder. No hemos podido desligarnos de la perversa influencia de líneas de pensamiento sustentadas en teorías como el intervencionismo, el keynesianismo, el gasto público o el endeudamiento como factores para el progreso.


 


El intervencionismo estatal en la economía ha fracasado en todas partes; los únicos que aún parece no haberse enterado -o no quieren hacerlo- son los mismos que siguen ocupando cargos de decisión desde los gobiernos en 1989 a esta parte. Es cuestión sólo de echar una mirada a lo que ha ocurrido desde la Revolución Industrial -donde la fórmula para el desarrollo se condensa en un estado limitado y controlado basado en el liberalismo republicano, competencia y libre mercado; lo que significa bajos impuestos, regulaciones razonables, imperio de la ley y el respeto a la propiedad privada.


 


Sin los citados elementos de la fórmula, no es posible mantener en el tiempo ni una baja inflación (de un dígito) ni un mínimo endeudamiento y tampoco la sostenibilidad misma de las finanzas públicas. Sin los citados elementos de la fórmula, solo cabe esperar inflación, déficits, endeudamiento; o, lo que es lo mismo, incertidumbre y desconfianza de los individuos y las empresas para que, desmoronándose el ahorro y la inversión, también se precipiten los índices de creación de empleo y los ingresos.


 


El intervencionismo estatal en las variables citadas permiten que el poder político crezca, al punto que convierten al sector público en un coto de caza, al que se desea a toda costa acceder para repartirse el botín. Ni más ni menos, un botín de dinero y privilegios que se incrementa cuanto más Estado y menos mercado existan.


 


Esta es la razón por la cual los obstáculos para el progreso están en los incentivos que provoca un Estado cada vez más grande, conforme agranda la torta de la redistribución de dinero, pero nunca para la creación de riqueza. La riqueza es obra de los individuos y las empresas que todos los días intercambian, elaboran proyectos  donde muchos fracasan y otros resultan exitosos, ahorran e invierten en los factores de producción para aumentar la producción y la productividad.


 


Pero, como bien sabemos, está visto que esta sencilla secuencia del progreso no es comprendida y, por sobre todo, es rechazada por aquellos que prefieren un modelo diferente de sociedad: una dedicada al saqueo, la que les saca por la fuerza a otros lo que produce para, de esta manera, continuar viviendo a costa de los demás.


 


A efectos de seguir manteniendo el actual estado de cosas -caracterizado por aumentar todavía más la presencia impositiva sobre la gente, elevar el endeudamiento e impedir zonas de libre comercio (duty-free shops en la frontera)-, es un permanente deseo de los saqueadores de la riqueza ajena, políticos y burócratas, algunos de ellos incluso con buena formación técnica para elaborar ideas antojadizas que fenecen en rimbombantes teorías cuyo objetivo final es meterle la mano en el bolsillo de sus prójimos.


 


Esto último es lo que ha tenido lugar en las últimas semanas en Paraguay. En el Ministerio de Hacienda, el viceministro de Tributación viene oponiéndose a toda forma de comercio con mínimos impuestos (duty-free shops) en la frontera, porque considera que el perjudicado será el Estado y sus ingresos fiscales. Esta supina y descabellada pretensión que, por cierto, tiene sus aliados en el sector privado, es la prueba que las malas ideas se siguen imponiendo en Paraguay, aunque también es la muestra de la entereza y laboriosidad de la gente que hace avanzar al país  pese a los obstáculos puestos por sus mismos gobernantes.


 


La cuestión llega incluso al sentido común. El Estado es un estorbo, una molestia cuando se inmiscuye en cuestiones que las propias personas bien pueden llevar a cabo por sí mismas, colaborando con las demás, siendo ésta la base de la filosofía de la libertad en la economía. Si las personas trabajan e invierten en libertad, la producción y la productividad se incrementan, con lo que también el Estado eleva su recaudación. Cuanto menos sea el porcentaje impositivo, ello será mejor para todos, como en efecto se ha demostrado desde la conocida curva de Laffer.


 


Sin embargo, mientras los gobernantes insistan en propiciar mentiras y premisas falsas como las que intentan detener la libertad económica, el status quo seguirá orientando a la gente como veletas. Y esta perniciosa práctica es que se ha venido a convertir desde la Independencia, en especial desde la dictadura de Francia, es el principal obstáculo para que el Paraguay se convierta en un genuino milagro económico porque aquí tenemos todos los activos estratégicos para lograrlo.


 

De lo que se carece, es de suficiente liderazgo con ideas renovadoras expresada en voluntad firme de respetar a cada hombre y mujer de este país. Esto es, al individuo, sin importar si es rico o pobre, sabio o ignorante; en donde prime la igualdad ante la ley en plena garantía a los contratos y la propiedad privada. He aquí el fundamento de base para certificar por qué el milagro económico del Paraguay es posible.

 



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Fuente: http://www.elojodigital.com/contenido/18069-paraguay-el-milagro-econ-mico-posible

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